Cuando la decisión está tomada y toca organizar el después
Hubo un tiempo en que las parejas que venían a vernos para divorciarse de mutuo acuerdo y llegaban con solo una idea clara: querían separarse, pero no tenían ni idea de cómo hacerlo, ni nada mas decidido. No sabían qué hacer con los niños, con la casa, con las cuentas, con los años de vida en común que de repente había que desenredar.
Con el tiempo, aquello que hacíamos casi como un trámite se convirtió en un servicio con entidad propia. Porque una cosa es querer separarse, o divorciarse, y otra muy distinta es saber organizarlo de forma que todos —sobre todo los hijos— salgan lo menos dañados posible.
Este servicio es para eso. Para parejas que ya han tomado la decisión. Que no necesitan pensar si siguen o no, sino cómo hacerlo. Cómo construir un acuerdo que sea justo, claro, realista y, sobre todo, que evite el desgaste de un divorcio contencioso.
No se trata de una terapia de pareja. Tampoco de un juicio. Se trata de sentarse con orden, con respeto y con ayuda profesional para decidir los puntos clave de la separación.
Las cuestiones mas comunes son:
Las cuestiones mas comunes son:
Las cuestiones mas comunes son:
¿Quién se queda en la casa? ¿Durante cuánto tiempo?
Si la vivienda es alquilada, hipotecada o privativa de uno, ¿qué opciones hay?
Posibles escenarios: venta, alquiler, sustitución por otra vivienda, plazos para desocupar.
Las cuestiones mas comunes son:
Podemos vernos online o presencialmente, lo que mejor os venga. El espacio es neutral. Hay reglas claras: turnos de palabra, respeto, sin interrupciones. Cada uno expone su visión, sus necesidades, sus límites.
Nosotros ayudamos a traducir posiciones rígidas en propuestas negociables. A convertir un “yo quiero esto” en “¿cómo podemos hacer para que los dos estéis lo más tranquilos posible?”.
La mediación no es un juicio moral. No se trata de demostrar quién tuvo la culpa, sino de organizar el futuro. Las preguntas que guían las sesiones son del tipo:
A medida que avanzamos, vamos poniendo por escrito los acuerdos. Al final del proceso (o en fases intermedias), tendréis un borrador de acuerdo claro y ordenado que recoge:
Ese borrador es un documento legal es la base sobre la que despues, como abogados, comenzamos tra tamitacion del divorcio de mutuo acuerdo, ante el notario o ante el juzgado, según las características del caso.
Este trabajo no sustituye los trámites legales. Luego, habra que acudir al juzgado, si no hay hijos, o al juzgado, si hay menores, pero se hara de mutuo acuerdo. El documentos que habéis construido juntos es un convenio regulador con el cual seguimso el trabajo:
Cuando lleguéis a esa fase, lo más duro —la negociación emocional— ya estará hecho. Lo que queda es un trámite ordenado, sin sorpresas y sin costes desorbitados, sin sufrimeintos pendientes.
Un buen acuerdo no es solo el que se firma hoy, para salir del problema de hoy. Es el que puede mantenerse en el tiempo sin generar nuevas disputas. El que tiene en cuenta que los niños crecen, que los ingresos pueden variar, que las necesidades cambian. Por eso no trabajamos con prisas ni con fórmulas prefabricadas: buscamos construir un pacto lo suficientemente sólido como para que, cuando surjan los inevitables imprevistos de la vida, no haya que volver a empezar de cero.
La diferencia entre un acuerdo pactado, con experiencia y prevision, hasta el otro extremo, uno impuesto, es esa. El pactado con cabeza se sostiene en el tiempo, porque ambos lo reconocen como propio. Y cuando algo es propio, se respeta. No se busca la letra pequeña para saltársela, ni se espera la ocasión para discutirlo. Se cumple porque tiene sentido, y porque quien lo incumple sabe que no está defraudando a un juez, sino a quien compartió su vida. Ese es el acuerdo que queremos ayudar a construir: el que dura, el que protege, el que evita que el pasado sea una losa para el futuro.
No es terapia de pareja. No trabajamos la posibilidad de seguir juntos. Eso ya está decidido, ya lo traen decidido.
No es asesoría jurídica en sentido estricto. Aunque tenemos en cuenta el encaje legal de los acuerdos, pero no somos abogado de solo una parte. Como procedimiento de mutuo acuerdo, la posicion de abogado la mantenemos respecto de los dos.
No es un proceso contencioso. La mediación solo funciona si hay voluntad de acuerdo por ambas partes. Si uno de los dos no quiere negociar, esto no sirve.
Se deben dar algunas condiciones mínimas:
Hay situaciones en las que sentarse a negociar no es la solución.
La mediación es una herramienta útil para muchas parejas, pero no para todas. Hay circunstancias en las que intentar un acuerdo de mutuo acuerdo no solo es inútil, sino que puede ser contraproducente. Conviene tenerlo claro desde el principio.
Este servicio está pensado para personas normales con conflictos normales. Para quienes, a pesar de la ruptura, conservan la capacidad de anteponer el bien común —especialmente el de los hijos— a sus propios deseos de victoria o venganza.
Cuando no se dan esas condiciones, lo honesto es decirlo, y si no se dice, lo inteligente es no comenzar este camino. Y aquí lo decimos, entre otras, en estos casos:
Hay personas que, sencillamente, no quieren un acuerdo. Quieren ganar. Quieren que el otro pague. Quieren que sufra. Quieren que la justicia les dé la razón, aunque sea a costa de todo lo demás.
Existen quienes, despues de 20 años de matrimonio, simplemente quieren “sangre”. El psicologo podra opìnar, pero, nosotros, como abogados, solo cumplimos las ordenes del cliente.
Si lo que buscas es un campo de batalla, la mediación no es tu sitio. Aquí no se reparten medallas al vencedor ni se condecora al que más daño hace. Si lo que quieres es guerra, ve a los tribunales. Allí encontrarás lo que buscas, y, sabiendo hacerlo, te aseguro que será larga, cara y destructiva.
La mediación exige cierta dosis de realismo y generosidad. No significa renunciar a lo tuyo, pero sí entender que el otro también tiene derechos y necesidades.
Si la otra parte se sienta en la mesa con la idea de que todo es suyo —la casa, los niños, el coche, el perro, hasta la batidora—, no hay mediación que valga. Cuando uno quiere llevarse todo y dejar al otro con lo puesto, el diálogo es imposible. Porque negociar no es rendirse.
Si detectamos esa actitud, lo diremos. Y si persiste, la mediación no tiene sentido. No vamos a ser cómplices de un expolio disfrazado de acuerdo.
El problema de la mediacion es que, cuando se impone, acaba perdiendo el mas debil, tenga razon o no, y eso, es injusto.
Hay personas que no conciben que las cosas se hagan de otra manera que no sea la suya. Lo que ellos dicen va a misa. Lo que ellos quieren es lo que toca. Y si no, pataleta, amenaza o bloqueo.
La mediación exige flexibilidad. Exige entender que el otro también existe, que tiene criterio propio y que, aunque duela, su opinión también cuenta. Si te sientas con alguien que todo lo que no sea su voluntad le parece un ataque personal, estás perdiendo el tiempo.
No venimos a someter a nadie. Venimos a construir acuerdos. Y para construir hace falta dos, no un dictador con un súbdito.
Si ese no es el escenario, no procede la mediacion.
Hemos hablado de divorcios normales, de personas normales. Pero la vida a veces es más cruda.
Si en tu pareja hay violencia física o psicológica, si hay maltrato, si hay amenazas, si hay temor fundado por tu integridad o la de tus hijos, la mediación no es el camino. No se negocia con quien te hace daño. No se sienta uno a dialogar con quien te genera miedo. Ahí el asunto es otro: es tu seguridad, y la de los tuyos.
Lo mismo si la otra persona tiene problemas de salud mental graves no tratados, o si sus reacciones son impredecibles y peligrosas. No podemos pedirte que te sientes en la misma habitación con alguien que puede hacerte daño.
En esos casos, “primum vivere”. Lo primero es vivir. Estar a salvo. Luego, cuando estés seguro, si quieres, hablamos. Pero primero, vive.
La mediación es para quienes, aun en el dolor de la ruptura, conservan la capacidad de dialogar. Para quienes pueden poner al menos un pie en el lugar del otro. Para quienes buscan un acuerdo razonable, no una victoria aplastante.
Si no es tu caso, o si no se consigue, no pasa nada. No es un fracaso. Es simplemente que este camino no es para ti. Hay otros. Pero al menos lo sabes antes de empezar.
Y si tienes dudas, habla con nosotros. Te diremos con claridad si esto tiene sentido o no. Sin rodeos, sin promesas falsas, sin ánimo de venderte nada.
Separarse, divorciarse, es difícil. Duele, desorienta, cansa. Pero hay formas y formas de hacerlo. Una es la guerra: años de pleitos, hijos en medio, cuentas bancarias que se esfuman. La otra es sentarse, hablar con ayuda, y construir un acuerdo que, sin ser perfecto, os permita a los dos empezar de nuevo.
La mediación no es para todos. Pero si os reconocéis en lo que acabáis de leer, si pensáis que quizá merece la pena intentarlo, aquí estamos.
Podéis escribirnos, llamarnos o pasar por el despacho. Sin compromiso, sin factura, sin prisas. Solo una conversación para ver si este servicio os puede ayudar a organizar el después.
- - - - - - - - - - - - N A V E G A C I O N