OPINIONES
En los telediarios, el Derecho ocupa treinta segundos, si hay suerte. En los periódicos, demasiadas veces queda reducido a titulares que simplifican hasta deformarlo. Y en las tertulias circulan las mismas opiniones una y otra vez, como ajos repetidos: cambian de plato, pero saben y huelen exactamente igual.
Podríamos limitarnos a repetir lo que ya se dice. Sería cómodo, bastante seguro y también insoportablemente previsible. A nosotros eso nos aburre. Y cuando nos aburrimos, nos da por pensar; mal hábito, porque a veces terminamos viendo cosas que no encajan demasiado bien en el discurso oficial ni en la opinión de moda.
Cuando algo nos parece importante y comprobamos que apenas se está diciendo, utilizamos este espacio para contarlo. Sin complejos, sin pedir permiso y sin necesidad de alinearnos con otra cosa que no sea nuestro propio criterio. A veces serán ideas incómodas; otras, simplemente puntos de vista que creemos que merecen ponerse encima de la mesa porque ayudan a entender mejor lo que está ocurriendo.
Las opiniones que aparecen aquí son nuestras. Sin partidismos, sin consignas, sin postureo y sin mirar de reojo dónde ha decidido colocarse el foco esa semana. Son el resultado de años de experiencia, horas de estudio y, de vez en cuando, algún momento de indignación bastante bien aprovechado. Acertaremos unas veces y nos equivocaremos otras; forma parte del riesgo de opinar de verdad.
Esta sección no nace para gustar. Nace para decir lo que pensamos cuando creemos que merece la pena decirlo, aunque no coincida con la versión más cómoda, más prudente o más rentable del asunto. Habrá ocasiones en que señalemos precisamente aquello que otros prefieren dejar fuera por conveniencia, por cautela o, sencillamente, porque da demasiado trabajo explicarlo.
No buscamos seguidores. Nos interesan más los lectores que todavía conservan ganas de pensar, que están cansados del ruido de fondo y que agradecen encontrar una opinión distinta, incluso cuando no la comparten.
Dentro de esta seccion tenemos:
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