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Las sensaciones: esa montaña rusa que nadie te advirtió que ibas a montar

“Me siento liberado”, me dijo un cliente una vez. Era nuestra primera reunión. Seis meses después, le encontré llorando en mi despacho porque su ex había empezado una nueva relación. El divorcio es así: un día estás celebrando tu libertad recién estrenada, y al siguiente estás googleando “¿es legal enviar una caja de cucarachas a domicilio?”. ​ Si estás considerando divorciarte, prepárate para experimentar: ​

  • Culpa: Incluso si tu matrimonio es más tóxico que Chernóbil, sentirás que estás fallando a un compromiso.
  • Miedo: Al futuro, a la soledad, a las citas en la era de las aplicaciones (sí, es tan horrible como parece).
  • Alivio: Esos momentos de claridad en que piensas “¿por qué no hice esto antes?”.
  • Ira: Descubrirás nuevos niveles de enfado que no sabías que existían.
  • Nostalgia: Tu cerebro, ese traidor, empezará a recordar solo los buenos momentos.
  • Confusión: Te preguntarás si estás tomando la decisión correcta aproximadamente 37 veces al día.

​ Y lo más divertido: experimentarás todas estas emociones antes del desayuno. Bienvenido a la licuadora emocional. ​ La buena noticia es que estas emociones son normales. La mala es que pueden nublar tu juicio justo cuando más necesitas pensar con claridad. He visto a personas inteligentes y racionales aceptar acuerdos ridículos solo porque “querían acabar con todo de una vez”. Spoiler: luego se arrepienten, y modificar un convenio ya firmado es como intentar volver a meter la pasta de dientes en el tubo. ​

NAVEGACION

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