Herramientas de usuario

TEMAS - SOFTWARE

El software, es la mas maravillosa creación de los genios y la tecnológia, envuelta en capas y capas de códigos incomprensibles que, supuestamente, transforman nuestras vidas para mejor.

Los programas, y los lenguajes informáticos, cual Babel moderna, son la nueva magia, donde con solo presionar cuatro teclas misteriosas, se obra el milagro. Olvídate de varitas, pociones o antiguos conjuros; aquí los hechiceros modernos, conocidos como “programadores”, murmuran su encantamiento —un “sudo”, un “git push origin main” o algún “Ctrl+Shift+Esc”— y ¡puf!, el universo digital responde . . . y resuelve tu existencia, . . . o eso esperas, claro.

Porque aquí está la maravilla y el terror de esta nueva magia; nunca sabes realmente qué va a pasar. Un comando bien lanzado y, con suerte, toda la estructura del sistema se realinea, los archivos desaparecidos reaparecen y hasta el software deja de hacer ruido como una cafetera rota. Pero cuidado, porque ese mismo conjuro, con un solo espacio o punto mal puesto, puede desatar el caos absoluto: pantallas negras como la muerte, o la muerte misma, códigos de error que nadie ha visto antes y el súbito despertar de un dragón de siete cabezas en forma de alertas, notificaciones y ventanas de error que explotan en tu pantalla como fuegos artificiales.

“el disco duro tiene agua; pasamos a centrigfugar” Bru, bru bru, y solucionado, todos seco, y limpio como una patena. Totalmente limpio, inmaculado.

Es la cocina mágica del siglo XXI, donde cada línea de código es un ingrediente secreto. Un despiste, y en lugar de un brebaje revitalizante, te sale un caldo explosivo que se lleva por delante no solo tu sistema, sino también tu dignidad y paciencia.

Pero tranquilo, ¿quién necesita saber cómo funciona?, “todo es intuitivo . . .”. Como todo buen aprendiz de brujo, basta con copiar el comando mágico de algún foro remoto, ejecutar el hechizo y cruzar los dedos para que el espíritu del software sea benévolo y no decida maldecirte con el eterno reinicio.

Al final, el sistema, tu programa, y su lenguaje informático, la magia moderna, transforma al usuario en un hechicero torpe y temeroso, que pulsa teclas y recita comandos que no entiende, esperando que al final algo funcione. Porque en esta era, no hay magia sin riesgo… y no hay hechizo que no pueda volverse en tu contra.

Los errores de los programas no sirven como fuente de trabajo, en la letra pequeña, al final, existe la clausula mágica exoneratoria: “solo le garantizamoas que le ocupara disco en su disco duro”.

Si bajamos al fondo, su auténtica utilidad, es ser una mina de oro de problemas legales y potenciales demandas, una especie de milagro de la multiplicacion de las demandas y las querellas, en un ciclo sin fin.

Primero, está la magia de la licencia de uso, ese documento interminable que ningún ser humano ha leído jamás. Porque, claro, el software es tan benevolente que te obliga a aceptar términos que ni siquiera un juez entendería del todo, en la parte de redaccion legal, porque en la técnica, solo quien redacto el pliego. Y cuando alguien, por algún milagro de la motivación, se intenta demandar porque el software se rompió a mitad de camino, ¡oh, sorpresa! Resulta que aceptar la licencia significa renunciar a todos los derechos conocidos y por conocer. Genial, ¿verdad? La compañía queda tan limpia como un santo en un altar, y tú, como usuario, solo puedes rezar para que el sistema no decida explotar tu información personal. Pero, como esto no puede ser, como las garantias de de los usuarios . . . 5 años de juicios, 3 peritos, y una ulcera de estomago puede que te lleven al exito.

Y las actualizaciones. Porque en el mundo del software nada es “fijo” ni esta “terminado”, siempre tienes un producto en desarrollo, un programa beta, o, tal vez, un software con errores. Pero, para no aceptar el defecto, tenemos las “mejoras”, todo está “mejorándose” constantemente. Así que, mientras el usuario promedio reza para que el próximo parche no arruine su computadora o su vida digital, el abogado afila el cuchillo y preconstituye las pruebas porque cada fallo significa más contratos, más exenciones de responsabilidad, y más papeles legales que aseguran que la empresa puede arruinarte cada día, sin hacer nada, porque todo se lo hacen en automatico, y sin ninguna consecuencia real para el auténtico responsable, el informatico.

Y ni hablemos del copyright, la verdadera joya de la corona. Nada hace más felices a las grandes empresas de software que cazar a cualquiera que, por error o ignorancia, haya copiado tres líneas de código o haya instalado el programa en dos computadoras en lugar de una. Una caza de brujas digital digna de aplauso, donde la justicia queda en manos de abogados, listos para caer sobre el pobre diablo que ose meterse con los todopoderosos algoritmos.

Y las empresas, cual batidores en partida de caza, alli por donde pasan, arrasan. Te pinchan las comunicaciones en defensa de sus derechos, te interceptan las conexiones en defensa de sus derechos, te introducen software espia, con capacidad de putacion a virus, en defensa de sus derechos, te crean puertas traseras, conocidad por todso los hacker de la Comarca, que dejan tu ordenador al aire, pero al aire libre, flotando en mitas del cielo, para que la caigan desde cualquier nube informatica, todos los troyanos snifadores, y demas ralea que pulula por los nubosos cielos virtuales.

Así que, para un abogado, el software es más que un producto. Es un campo de batalla legal, un contrato infernal que atrapa a cada usuario en una red de renuncias, amenazas y cláusulas, y al final del día, no hay nada más rentable que cruzarte con un software defectuoso y una audiencia masiva de usuarios atrapados en su red. ¡Larga vida al software, la verdadera fábrica de pleitos y facturación interminable!

Aunque, algunos, sigamos usando pluma,pero no estilografica, sino de “bicho”.

Este epigrafe lo tenemos dividido en los siguientes apartados:

- - - - - - - - - - - - N A V E G A C I O N

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